domingo, 3 de mayo de 2009

¿De la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento?

Con el surgimiento de las nuevas tecnologías el mundo sufrió varios cambios tanto a nivel social, educativo, económico, laboral, cultural y político. Dentro de estos procesos intervino un elemento clave, tanto para los países desarrollados como para los subdesarrollados, denominado información.

El término información comenzó a utilizarse con mayor frecuencia durante la década del setenta provocando una serie de cambios que iban a configurar nuevas pautas sociales, motivadas por el auge del sector servicios.

Durante esta época la sociedad pasó a denominarse “sociedad de la información”, donde se comenzó a producir bienes ligados a la educación, la salud, el medio ambiente, el ocio, etc.

En la actualidad estamos inmersos en una sociedad donde se nos vende la información como un elemento accesible, que se puede poseer, que da poder, que da conocimiento. Por este motivo, estamos atravesando tiempos en donde la calidad, la gestión y la velocidad de la información se convierten en factor clave de la competitividad para la sociedad.

Llegando a fines de los años 90 surge una nueva noción de sociedad denominada “sociedad del conocimiento” y es empleada particularmente en medios académicos, como una alternativa a la “sociedad de la información”. Aquí empiezan a plantearse muchas diferencias entre ambos términos

La información es efectivamente un instrumento del conocimiento, pero no es el conocimiento en sí, porque este obedece a aquellos elementos que pueden ser comprendidos por cualquier persona, mientras que la información son aquellos elementos que en la actualidad obedecen principalmente a intereses comerciales.

Desde mi punto de vista la información es un factor que puede ser muy útil para la sociedad pero a la vez muy dañino. Como pudimos leer en el texto, muchas veces es utilizada como un factor de poder marcando quienes tienen acceso a ella y qué o quiénes controlan su creación y disposición

En cuanto a la sociedad del conocimiento se puede advertir que más allá que se tenga información, ésta por sí sola no genera conocimiento. La promesa que, insistentemente se nos hace de acceso global y factible a grandes volúmenes de información desde las nuevas tecnologías no va a ser garantía de mayor discernimiento, ni de educación.



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